Un edificio con estructura de hormigón es un edificio de una elevada inercia térmica, lo que, independientemente de su diseño, permite mantener la temperatura interior más estable que en un edificio que no posea esta propiedad. En edificios de uso continuo, aumentar la inercia térmica significa reducir los consumos sin necesidad de ninguna medida adicional.
La activación térmica consiste en la búsqueda de diseños que, mediante la circulación de aire o agua, sea capaz de calentar o enfriar la estructura cuando el usuario quiera.
Existen sistemas de activación “naturales” basados en la radiación solar o en la ventilación cruzada. En estos casos, el diseño debe permitir que tanto la radiación solar como la ventilación natural incidan sobre los elementos masivos para calentarlos o enfriarlos. Ahora bien, como se trata de sistemas que dependen de la climatología exterior, presentan bastante incertidumbre. Además, el intercambio de calor no es tan eficiente como en los conocidos como forjados activados térmicamente.
Por este motivo, los edificios de nueva construcción embeben sistemas que permiten la circulación de agua por unos tubos embebidos en la estructura, controlando su temperatura mediante una bomba de calor externa, mientras esta estructura, gracias a su inercia térmica, actúa como sumidero o fuente de calor en función de las necesidades, y estabiliza la temperatura interior del edificio.
Como la superficie expuesta de la estructura es alta en comparación con el volumen total del edificio que hay que climatizar, la temperatura que es necesario alcanzar en la estructura es muy cercana a la temperatura de consigna, es decir, estará comprendida entre los 18 y los 30 °C, tanto para refrigeración como para calefacción. En este rango de temperaturas, las bombas de calor alcanzan unos rendimientos elevadísimos y su consumo es extremadamente bajo.
Por otro lado, esta característica hace que estos sistemas sean idóneos para combinarlos con energías renovables in situ como la geotermia y la aerotermia.
En resumen, la activación térmica de estructuras permite reducir los consumos derivados de la climatización de los edificios en más de un 60% y, si la combinamos con una bomba de calor geotérmica, se pueden reducir las emisiones en hasta un 90%.
Y si nos centramos en el usuario del edificio, hay que indicar que se trata de sistemas que permiten alcanzar un confort térmico elevadísimo. En primer lugar, porque las temperaturas en todas las estancias son homogéneas, evitando gradientes térmicos en función de si la habitación está orientada al norte o al sur o en función de si estás cera o lejos de los puntos de calor. Por otro lado, se evitan los focos de calor a altas temperaturas, como pueden ser los radiadores convencionales, que resultan incómodos, y, lo más importante, se evitan los flujos de aire fríos de los sistemas de refrigeración tradicionales.
Se trata, pues, de la tecnología óptima para la climatización de edificios, tanto desde un punto de vista del consumo, como de las emisiones o del confort del usuario. Y, aunque se pueden activar diferentes elementos de un edificio, el único material estructural de construcción que permite su activación térmica es el hormigón, que gracias a su alta inercia térmica, aporta estabilidad al sistema y maximiza sus beneficios.