La transición hacia cementos más sostenibles está transformando la composición y el comportamiento del hormigón. Reducir el contenido de clínker y aumentar el uso de adiciones—como escorias, cenizas o arcillas calcinadas— es una de las principales estrategias para disminuir las emisiones de CO₂ del sector. Pero estos cambios también modifican la forma en que el cemento interactúa con los aditivos, especialmente con los superplastificantes.
La guía ‘Evolución de los cementos y su compatibilidad química con los aditivos al hormigón’ analiza esta relación y ofrece un método práctico para evaluar la compatibilidad entre ambos componentes, aportando una base experimental para adaptar las formulaciones a los nuevos ligantes con menor huella de carbono.
Un método para anticipar incompatibilidades
El documento propone utilizar el ensayo de mortero de cemento normalizado para estudiar cómo influyen los distintos tipos de cemento en la fluidez, la consistencia y el fraguado de los morteros cuando se incorporan aditivos superplastificantes. Este método permite comparar de forma directa morteros con y sin aditivo, manteniendo constante la relación agua/cemento, y ofrece una herramienta sencilla para detectar cambios en el comportamiento del sistema.
El análisis se centra en los aditivos basados en polímeros de policarboxilato (PCE), los más extendidos actualmente por su elevada capacidad para reducir agua y mejorar la trabajabilidad. La guía explica cómo su eficacia depende del equilibrio entre el aditivo adsorbido sobre las partículas de cemento, el que permanece en disolución (reserva) y el que se inactiva durante la hidratación. Si este equilibrio se altera, se pierde fluidez o se reduce el tiempo de trabajabilidad del hormigón.
Factores que condicionan la compatibilidad
El documento identifica los principales factores del cemento que pueden afectar al rendimiento del aditivo:
- Finura del cemento: una mayor superficie específica incrementa la cantidad de aditivo adsorbida y acelera su consumo, reduciendo la reserva disponible para mantener la consistencia.
- Adiciones absorbentes: materiales como las puzolanas naturales, las calizas o las arcillas calcinadas pueden retener parte del aditivo en sus poros, anulando su efecto fluidificante.
- Adiciones vitrificadas o poco ionizables: en cementos con alta proporción de escorias o cenizas muy inertes, el aditivo tarda en actuar y la fluidez puede aumentar de forma retardada.
- Relación sulfato soluble/aluminato tricálcico: un parámetro crítico que controla la formación de etringita y la eficacia del aditivo. Un defecto de sulfato puede causar pérdida inmediata de consistencia.
Conocer estos factores permite ajustar la dosificación o el tipo de aditivo empleado para mantener las prestaciones del hormigón, incluso cuando se utilizan nuevos cementos descarbonizados.
Nuevas formulaciones y contexto normativo
La guía también repasa las recientes actualizaciones normativas que amplían las familias de cementos:
- UNE-EN 197-1, que define los cementos comunes y resistentes a los sulfatos;
- UNE-EN 197-5, que incorpora los cementos compuestos CEM II/C-M y CEM VI, con mayores proporciones de adiciones;
- y UNE-EN 197-6, que introduce los cementos con finos de hormigón reciclado.
Estas normas reflejan el avance del sector hacia una producción más sostenible, pero a la vez exigen herramientas de control que garanticen la compatibilidad con los aditivos actuales.
Una herramienta útil para la transición del sector
Los ensayos realizados con diferentes cementos —desde CEM I hasta CEM IV y CEM III— demuestran que el método propuesto es sensible y reproducible, capaz de detectar pequeñas variaciones en el comportamiento del mortero. Esto lo convierte en un recurso útil tanto para laboratorios de control de calidad como para fabricantes que buscan adaptar sus productos a las nuevas condiciones del mercado.
En definitiva, entender la compatibilidad entre cemento y aditivo no es solo una cuestión técnica: es una condición imprescindible para asegurar que los nuevos cementos de baja huella de carbono mantengan la calidad, la trabajabilidad y las prestaciones que demanda la industria del hormigón.