Emisiones operativas vs. emisiones embebidas

El nuevo equilibrio en la construcción sostenible

La transición hacia una edificación descarbonizada exige revisar no solo cómo se construyen los edificios, sino también cómo se comportan durante toda su vida útil. En este contexto, la diferencia entre emisiones embebidas y operativas se ha convertido en un aspecto clave para comprender el verdadero impacto ambiental de una construcción.

El hormigón, material fundamental en la edificación por sus propiedades mecánicas, térmicas y de durabilidad, también ocupa para un lugar central en esta discusión. Su análisis desde una perspectiva global permite entender mejor cómo reducir su huella de carbono a lo largo del ciclo de vida del edificio.

Dos tipos de emisiones a lo largo de la vida de un edificio

Un edificio está diseñado para una vida útil de entre 50 y 100 años y, durante este periodo, genera dos tipos de emisiones principales: las emisiones embebidas y las operativas. Las primeras están asociadas a la extracción de materias primas, fabricación de materiales, transporte y puesta en obra. Las emisiones embebidas incluyen también las operaciones de mantenimiento, sustitución de materiales y, finalmente, la demolición y gestión de residuos.

Por su parte, las emisiones operativas son las que provienen del uso cotidiano del edificio. Se contabilizan los consumos energéticos y de agua asociados a climatización, iluminación, electrodomésticos y equipos. Estas emisiones se acumulan de manera continua durante toda la vida útil del edificio.

Cómo ha cambiado la balanza

En edificios tradicionales, la fase en servicio representaba cerca del 80% de las emisiones totales. Es decir, la mayor parte del impacto ambiental procedía del consumo energético una vez construido el edificio.

Sin embargo, en edificios de nueva construcción (más eficientes gracias a la normativa europea) el peso relativo del carbono embebido ha aumentado. Ahora este representa un tercio de las emisiones en el sector de la edificación, según algunos estudios; y puede alcanzar hasta el 50% del total en un edificio medio de nueva construcción.

Esto convierte al carbono embebido en un factor decisivo en el proceso de descarbonización.

Conclusiones de este cambio de escenario

La evidencia extraída del análisis del ciclo de vida de los edificios lleva a dos conclusiones principales: la primera, el foco de las estrategias de descarbonización debe mantenerse en la fase operativa, alargando la vida útil de los edificios, mejorando su durabilidad y reduciendo sus consumos energéticos; la segunda, el diseño debe ser global. No basta con elegir materiales de baja huella, sino que hay que valorar sus prestaciones técnicas y energéticas en relación con el ciclo de vida completo del edificio.

El papel del hormigón

Las estructuras de hormigón, aunque pesadas, presentan una ventaja única: su alta inercia térmica. Esta propiedad permite estabilizar la temperatura interior y reducir el consumo energético en climatización, lo que se traduce en menores emisiones operativas.

Un diseño que aproveche adecuadamente esta característica puede marcar la diferencia en la reducción de la huella de carbono global del edificio.

El equilibrio necesario para afrontar el futuro

La nueva Directiva Europea 2024/1275 sobre eficiencia energética de edificios obliga a contabilizar el impacto total del ciclo de vida. Esto implica que proyectistas, constructores y fabricantes deben replantear sus decisiones para lograr un equilibrio real entre emisiones embebidas y operativas.

En este contexto, el hormigón se consolida como una opción competitiva:

  • Por su durabilidad y resistencia a fenómenos climáticos extremos
  • Por su capacidad de contribuir al ahorro energético durante décadas de uso
  • Por el potencial de optimización en su diseño y en el empleo de materiales de menor huella de carbono

En definitiva…

La descarbonización de la edificación ya no depende solo del consumo energético en la fase operativa. El carbono embebido adquiere cada vez mayor protagonismo y obliga a mirar el edificio en su conjunto.

El reto para los próximos años es doble: reducir las emisiones iniciales en los materiales de construcción y optimizar la eficiencia operativa del edificio durante toda su vida útil. El hormigón, por su masa térmica, versatilidad y capacidad de evolución hacia soluciones de menor impacto, seguirá siendo protagonista en este camino.

Este artículo forma parte de la publicación «MONOGRAFICO – La contribución del hormigón a la descarbonización de la sociedad» de la revista técnica Cemento Hormigón.