¿Qué es el secuestro de CO2 del hormigón?

El principal componente del hormigón es el cemento, que le aporta sus principales prestaciones:

  • resistencias mecánicas,
  • durabilidad frente ataques externos,

pero también, la mayor parte de su huella de carbono.

En el proceso de producción de cemento, la piedra caliza que se utiliza como materia prima se descompone a altas temperaturas en óxido de calcio, que se incorpora al cemento, y en CO₂, que se emite a la atmósfera. Estas son las emisiones denominadas de proceso y representan aproximadamente un 60% de las emisiones totales derivadas de su producción.

Ahora bien, parte de estas emisiones que se producen de forma puntual en el momento de la fabricación, se reabsorben de manera continua por parte del hormigón a lo largo de toda su vida útil en un proceso conocido como recarbonatación.

Este secuestro de CO₂ existente en la atmósfera se produce de forma natural gracias a que la reacción química que genera la emisión en el momento de la producción es reversible en presencia de humedad, cuando el CO₂ de la atmósfera precipita en forma de carbonato cálcico en los poros del hormigón, llegando incluso a incrementar su resistencia mecánica.

Este fenómeno químico es bien conocido. De hecho, todos los códigos estructurales a nivel internacional prescriben unos recubrimientos mínimos para proteger la armadura del frente de avance de carbonatación, que puede despasivar la armadura y generar potenciales problemas de durabilidad.

Este conocimiento adquirido durante más de doscientos años nos ha permitido conocer esta reacción química y cuantificar la cantidad de CO₂ que el hormigón secuestra anualmente de la atmósfera en función de la superficie expuesta, del tipo de cemento utilizado en la fabricación del hormigón y de la humedad.

A pesar de todo ello, la mayor parte de las organizaciones medioambientalistas han menospreciado este efecto y lo han calificado de “greenwashing”.

Sin embargo, el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), tras la revisión de las investigaciones realizadas en este campo, ha dado el paso de considerar los materiales en base cemento como un sumidero de carbono. De hecho, el Global Carbon Budget ha cuantificado por primera vez en 2023 a la carbonatación de morteros y hormigones para la consideración del balance neto de CO₂ en los materiales en base cemento.

En resumen, los expertos científicos en materia de cambio climático afirman que el hormigón a lo largo de su vida útil actúa como un sumidero de CO₂, contribuyendo de manera pasiva y natural a reducir su concentración en la atmósfera y facilitando la consecución de los objetivos asumidos a nivel mundial en la lucha frente al calentamiento global.

Teniendo en cuenta el volumen de hormigón que actualmente forma parte de los edificios, de las infraestructuras de transporte, de las infraestructuras de abastecimiento y saneamiento de agua o de firmes y pavimentos, se puede considerar que el hormigón ya construido juega un papel esencial en el ciclo del CO₂ terrestre, ayudando a reducir la concentración de CO₂ en la atmósfera y reduciendo así el efecto invernadero y el calentamiento global.